La historia de André Kertész, un maestro de la fotografía,
es una crónica de innovación artística y determinación inquebrantable. Su
legado perdura a través de sus impactantes contribuciones a la composición
fotográfica y su esfuerzo incansable por establecer y desarrollar el ensayo
fotográfico como una forma única de expresión artística.
Si bien la necesidad económica inicialmente lo llevó al
mundo del reportaje fotográfico, su verdadera pasión residió en la creación de
paisajes visuales inolvidables. Los primeros años de su carrera fueron un
desafío, ya que sus obras a menudo se pasaban por alto debido a su estilo poco
convencional y su compromiso inflexible con una expresión fotográfica personal
y distintiva. Incluso en las últimas etapas de su vida, Kertész sostenía que su
trabajo no había recibido el reconocimiento que merecía.
Hoy en día, André Kertész es considerado un ícono en el
mundo del periodismo fotográfico, y su influencia sigue inspirando a fotógrafos
y amantes de la fotografía de todo el mundo. A pesar de las expectativas
familiares de que lo instaban a seguir una carrera como corredor de bolsa,
Kertész siguió su pasión por la fotografía y se convirtió en una autodidacta en
este campo. Sus primeros trabajos encontraron su camino en revistas y
publicaciones, marcando el inicio de una carrera que transformaría la fotografía
tal como la conocemos. La Primera Guerra Mundial marcó una breve pero
impactante etapa en la vida de Kertész.
En 1925, dio un paso audaz al mudarse a París, en contra de los deseos familiares. En la Ciudad de la Luz, se sumergió en un creciente círculo de artistas inmigrantes y encontró inspiración en el movimiento dadaísta. Fue en París donde su trabajo comenzó a recibir el reconocimiento comercial y la aprobación de la crítica. Pecado A pesar de los numerosos premios y elogios que recibió a lo largo de su carrera, Kertész mantuvo la creencia de que su trabajo no era completamente apreciado por el público y la crítica. Esta percepción persistió hasta su caída.
Su carrera se puede dividir
en cuatro períodos distintos: el período húngaro, marcado por sus inicios; el
período francés, donde floreció en París; el período estadounidense, que
presentó desafíos y triunfos en su vida en Estados Unidos; y, finalmente, su
reconocimiento internacional como un ícono de la fotografía.
Bibliografía:






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